martes, 26 de enero de 2021

Vs. Gladiator

Me llamo Nolo Felis Viator, exitoso y valiente cazador de Ribadedeva, emperador de mi propio territorio, leal servidor de mi mismo. Padre de un hijo asesinado, no. Marido de una esposa asesinada, tampoco, pero alcanzaré mi venganza en esta vida o en la otra (y te recuerdo que me quedan seis).

¿Quién me iba a decir a mi, que iba a verme atacando a una inerte bola de lana?
YO, que he cazado en mi prestigioso coto particular aves, lagartijas, ratones, murciélagos, peces... Bueno, peces no he cazado, es verdad, pero a visaba a la bruja para que los pescara.

Mi casa de la marisma tiene un muelle pesquero para mi solo. Sin exagerar. Cuando sube la marea, por delante de mi casa pasan cientos de peces brillantes, ondeantes, tentadores. Un día me di cuenta que de vez en cuando, mi esclava salía a pescarlos. Así que cuando yo divisaba a esos seres irresistibles, iba corriendo a buscarla para que los pescara. ¡Miau, remiau y marramiau!

Captura y suelta, lo llamaba. No se puede ser más tonta. Usaba unos anzuelos que se desanzuelaban solos, o eso decía ella. O es más inútil que el bolsillo de un pijama y se le escapaban todos, o ésta mujer es totalmente rubia por dentro. Porque a ver, ¿me quieres explicar, alma de cántaro, para qué estás esperando media hora a que pique un pez, y cuando pica, vas y lo sueltas? ¿Media hora relamiéndome para nada?

Bueno, eso era antes, ahora ni captura, ni suelta, ni nada. Ahora no pesca porque dice que en la refriega el pez sufre daño neuronal. Daño neuronal el que tienes tú, bonita.

Y, hablando de daño neuronal, ¿del mío quién se ocupa?. Porque mis incidentes con la bola de lana, además de humillantes, no son normales.



                                     

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No podamos, no.

Qué si podamos, dice.  Yo me quedo aquí, que cuanto más grande es el corte, más tarda en cerrarse.