lunes, 1 de febrero de 2021

Socializando

¡Estos esclavos de ciudad no le llegan a Fernanducu ni a los tacos de las madreñas!

Que dice la bruja que no son horas. Que no hay excusas para que todos los días a las cuatro de la mañana, ponga mis frías patitas en su cara. Que si tengo el comedero lleno, no hay excusas. ¡Qué ingrata! ¡Si soy la consideración en gato,   que hasta he tenido la deferencia de pasar antes  por el arenero para higienizarme! 

¡Qué poca psicología felina tiene la mujer! Las cuatro de la mañana es una hora perfecta para socializar. Yo maúllo, ella se levanta. Así funciona. Se levanta y me acaricia un rato.  O sea, que está encantada de levantarse. Su lenguaje corporal impugna sus palabras de protesta, pero no se entera. Es un ir y venir de mensajes contradictorios. Menos mal que soy un gato centrado... en mí mismo. 

Además, ya que después no puede volver a dormirse, debería darme las gracias por añadir unas horas más a su día, ¿no? Pues no. En vez de eso, abre el congelador y me enseña un paquete en el que pone: Pollo troceado. Y me ha dicho, mirándome fijamente: "Éste, cantaba todos los días a las 5 de la mañana. Can-ta-ba". 

¡Cómo echo de menos a Fernanducu, siempre a mis ordenes con una sonrisa! ¡Y prácticamente, era vegetariano!





1 comentario:

No podamos, no.

Qué si podamos, dice.  Yo me quedo aquí, que cuanto más grande es el corte, más tarda en cerrarse.