Queridos esclavos humanos:
Por Garfield y todos los Aristogatos, ¿por qué no miráis dónde ponéis los pies?
A mi me pisas con una talla 46, y ya puedes ir cavando una fosa en el jardín, y no la voy a ocupar yo, precisamente.
De momento, solo me han pisado con una talla 39 y casi tienen que amputar mi esponjosa, preciosa y suave patita delantera.
Que me dice la apisonadora esta: “Ay Cosita, es que te metes entre mis pies”. 

Primero:
!Cosita, me ha llamado Cosita!
¿Puede haber algo más humillante para un gato callejero adulto?
¡Un respeto, señora, que peino bigotes hace años!
Segundo:
Perdone usted, señora, por poner mi delicada patita debajo de su vulgar y ordinario pie.
¡Ay Señor, por qué metiste a mi especie en el arca de Noé, para esto?


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