La bruja me quiere poner a dieta. Que estoy engordando, dice. Lo dice ella, que está a dos bizcochos de convertirse en rotonda.
Cuando se fue Fernanducu, dejé de comer. Sí no me servía él la comida, no la quería. Era un mayordomo de primera, totalmente manipulable, y sabía abrir el paquete de pienso cómo nadie.
Ante mi creciente inapetencia, la torpe aprendiz de esclava, empezó a abrir en mi presencia unas olorosas latitas que me atrajeron muchísimo y que terminé por probar. Para chuparse las garras, estaban.
Tan buenísimas que ahora, no quiero otra cosa en mi menú.
Es lo que tiene la palatabilidad de un gato exquisito, como yo.
Pues dice la bruja que tanta lata no es comida saludable y que tengo que comer pienso. ¿Otra vez pienso? Pues no pienso. Vamos, que en lo último que pienso es en comer pienso.
Tengo mas hambre que el perro del afilador, que se comía las chispas para comer algo caliente.
Y va la muy loca, y amenaza con cocinar ella misma comida sana casera especial gatos. La he visto mirando recetas en Internet.
¿Hay alguien ahí que pueda ayudarme?


No hay comentarios:
Publicar un comentario