¡Fíjate un poco en lo que te digo, hija!
Mi cola no engaña, pero tú no te enteras. No tienes ni idea del más básico lenguaje corporal gatuno.
Llevo tanto tiempo diciéndote que me abras la puerta, que cuando lo haces, pierdo el interés. Eres más lenta que Windows 98, y claro, cuando todavía no he salido, ya tengo ganas de volver a entrar. ¡Es que no tienes ningún respeto a MIS tiempos, esclava!
Entiendo que el lenguaje de mi cola es complejo para ti, pero al menos te habrás dado cuenta de que es móvil, ¿no?
Pues atenta, porque cuando mi cola ondea de un lado al otro intranquila, presagia un conflicto, y ya es tarde. Se estaba horneando un mordisco, y acaba de salir del horno.
Y ahora, un sabio consejo de gato cabreado: Si mis orejas se parecen a las alas de un avión, ¡CORRE!


No hay comentarios:
Publicar un comentario