Dice la arpía que vive conmigo que no sabe cómo lo hago, pero que las propiedades que hago mías siempre son las más caras. Por ejemplo: El sofá del estudio. No me gusta, huele a barato. No le veo arañable, la verdad. Sin embargo, el sofá de la sala es otra cosa. Tiene un punto... la altura, la textura... Está diciéndome, ¡rasgúñame, anda y hazme plenamente tuyo!
Dice Antonio Burgos que cada gato lleva un notario dentro. ¡Doy fe! Yo levanto acta de cuanto me pertenece ipso facto. Tengo un sistema de acumulación de bienes que pondría de los nervios a la Liga Comunista. Gozo de un ramalazo capitalista y latifundista que asusta.
En la foto podéis ver la tentadora esquina de mi sofá favorito. En ella dejé impresa mi escritura de propiedad en cuanto la vi. Un arañazo sin importancia, pero la bruja puso el grito en el cielo.
¡Es lista la individua!
Primero: Sabe que no voy a dejar de arañar porque es una necesidad gatuna saludable y un comportamiento natural. Segundo: Se ha dado cuenta de que no puede educarme para que yo arañe donde ella quiere. Así que, ha colocado el donde ella quiere en donde quiero yo. Y ha dicho: Si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él.



