domingo, 13 de diciembre de 2020

Nota de @viviendo_de_risa

El 24 de agosto de 2016, bajo del túnel de la Autovía del Cantábrico, a su paso por Bustio, encontré una cosita blanca y peluda. Pequeñita, menuda, pero con unos bigotes que no eran normales. Mi padre, en un brote de ternura, insistió en llevarla a casa. Y así lo hicimos. --Es una gatita--, dijo mi padre, --vamos a llamarla Nubeblanca--. 


Unos días más tarde, habló el veterinario: --Se llamará Nubeblanca, pero podéis llamarle Manolo--. Y así fue como Manolo Gato Callejero llegó a ser el compañero inseparable de mi padre durante cuatro años. 

Manolo se convirtió en un gato adulto, asesino en serie, que mandaba al otro barrio y entre sus fauces a 2 o 3 seres vivos al día. Tenía para él solito un jardín y una huerta donde era  señor y soberano. Más que un felis viator (gato callejero), Manolo era un auténtico felis silvestris (gato salvaje). Era un Mogwai alimentado después de la medianoche, o sea, un Gremlin

El pasado mes de octubre Manolo y yo emprendimos una especial relación, marcada por uno de los episodios más dolorosos de nuestras vidas. Nos quedamos huérfanos. 

El duelo es una etapa necesaria, pero no puede vivirse con "normalidad". Manolo y yo la vivimos juntos. 

Y, ahí estamos, entre la adaptación y la rebeldía. Entre el ajuste y el desbarajuste. 

Como empecé a contar nuestras dichas y desdichas en la redes sociales, él ha querido hacer lo mismo y se ha hecho instagramer y bloguero. Ha cambiado su nombre de Manolo Gato Callejero, a Nolo Felis Viator (el apelativo cariñoso que yo le daba y que, por cierto, no le gustaba un pelo). Que dice que para ser influencer hay que empezar por el nombre, y que Risto Mejide ya estaba cogido. 

Y mientras tanto, aquí estoy, interiorizando la enseñanza de Peter Gray: "Uno debe querer a un gato ateniéndose a las condiciones que éste fije". 










4 comentarios:

  1. Impaciente estoy esperando la siguiente aventurilla ✍✍✍

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    1. De momento, voy a subir las publicaciones de Instagram anteriores al blog. Ahora mismo, he subido la primera.

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No podamos, no.

Qué si podamos, dice.  Yo me quedo aquí, que cuanto más grande es el corte, más tarda en cerrarse.